Un descalcificador y una ósmosis no compiten. El primero cambia el calcio y el magnesio del agua de toda la casa por sodio, para que no se incruste; la segunda filtra el agua de un grifo para beberla. Comprar uno pensando en lo que hace el otro es el error más caro de esta categoría, y por eso las dos guías empiezan por ahí.
El gasto que decide no es el del aparato, es el que vuelve. La sal y el agua de regeneración de un descalcificador dependen de la dureza de TU agua y de cuántos sois en casa, y el agua de rechazo de una ósmosis depende de su relación de rechazo, que dos anuncios de la misma búsqueda escriben con el mismo número queriendo decir lo contrario. Las dos cuentas están en sus guías, con lo que declara cada fabricante.
Los precios no los escribe nadie. Salen del registro al pintar la página, con la ventana que permite cada tienda: veinticuatro horas en Amazon por su licencia y cuarenta y ocho en las que nos entregan su catálogo. Sin lectura dentro de esa ventana, la tarjeta lo dice y el botón se queda sin cifra. Amazon queda fuera de la serie histórica por esa misma licencia, así que el botón de historial de un modelo que hoy solo se lee ahí va apagado.
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